No queda sol.

Algún día os contaré que no pude más.

Que por más que hacia fuerza, el mundo me estaba aplastando.

Tenía ya los brazos cansados de sujetar el sol que os estaba iluminando pero que a mí me estaba quemando.

Todas las sonrisas estaban ahogadas entre lágrimas.

Este motor se quedó sin vida.

Tus miradas, palabras, sonrisas y caricias ya no son suficientes.

En la balanza de la vida me ha acabado pesando más la tormenta.

Me ha devorado y ya no hay sol que sujetar.

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