Sentada en esa cafetería…

Sentada en esta cafetería, alejada del murmullo de la gente, veo a los autobuses marchar. Me pregunto cuántas historias transportará. Cuántas vidas que se han visto interrumpidas y otras tantas que vuelven a retomarse.

Es una caja de emociones móvil.

Mientras el café se va enfriando, la gente empieza a rodearme.

Nadie se queda.

Todos van y vienen.

Nunca son las mismas personas.

Pero yo permanezco aquí sentada bajo su atenta mirada.

Me sobra tinta para describirles. Todos tienen una característica común.

CIEGOS.

Ciegos de cómo la vida se les va pasando sin prestar atención a su alrededor, sin prestar atención a cada segundos. Quietos ante la carrera del reloj que no va a parar por nada ni por nadie.

Mientras, la camarera, tras la soledad de la barra del bar, ha decidido no desaprovechar su vida. Se ha subido a un taburete y esta retransmitiendo una anécdota mientras no para de reír.

No la preocupa que entren a pedirla café o el horario del próximo bus y la encuentren ahí subida. Continúa sonriendo.

Y yo sonrío al pensar que aún queda gente que regala su felicidad.

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