La lengua de las manos

Atardece.
Se escuchan notas de un bajo.
Notas sueltas y dispersas que buscan ser la Banda Sonora de besos inesperados en algún callejón, bajo los últimos destellos del sol.
Las notas empiezan a sonar de forma continuada y el golpeo de una batería decide acompañarlo.
Una pareja se acerca y comienza a sonar una canción. Por la forma en que se miran diría que es o será su canción.
Él la mira a ella. En sus ojos se puede ver ternura y dulzura, la misma con la que dirige sus manos hacia el rostro de ella.
Suavemente la acerca a la suya.
Los labios comienzan a aproximarse y despacio hace que se rocen.
Aquello se convierte en el principio de un largo beso. Tierno. Húmedo. Lleno de pasión.
La música sigue sonando pero ellos hace un rato que la han dejado de escuchar.
Sus labios se separan.
Las miradas se cruzan.
El resto de personas comienza a desaparecer y ellos empiezan a hablar otro lenguaje.
El de las manos. El de la piel ardiente.
Besos empapados, ropa que sobra, manos que recorren, ojos que comen.
Es hora de que abandonen el concierto y empiecen a componer su propia melodía.

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